Todo empieza con una taza de café
Imagina una mañana cualquiera.
Estás trabajando, leyendo o simplemente sentado y, de pronto, aparece dentro de ti algo muy sencillo:
“Quiero una taza de café.”
Todavía no tienes la taza entre las manos.
El café no está servido.
Quizá ni siquiera te has levantado de la silla.
Y, sin embargo, algo ya comenzó.
Tal vez puedas anticipar su aroma. Imaginar el calor de la taza entre tus manos. Pensar en ese primer sorbo que tantas veces has probado.
En cuestión de segundos, algo que todavía no existe frente a ti comienza a tomar forma en tu interior.
Y todo ocurrió casi sin darte cuenta.
Antes de la taza
Observa ahora un poco más despacio lo que acaba de suceder.
Primero apareció un impulso.
No fue necesario analizarlo demasiado.
Simplemente surgió:
Quiero café.
Y junto con ese deseo apareció también una sensación.
Puede ser placer, antojo, bienestar o simplemente el gusto de imaginar ese pequeño momento.
Después comenzaste a darle una cualidad.
“Me encanta el café.”
“Me vendría perfecto en este momento.”
Pero también podría suceder algo diferente:
“Me encanta, pero después no voy a poder dormir.”
“Quiero uno, aunque sé que me cae pesado.”
La taza sigue sin estar frente a ti.
Pero interiormente ya empezaste a construir una experiencia alrededor de ella.
No solo decidiste qué querías. También comenzaste a definir cómo ibas a vivir aquello que querías.
Después la viste
Quizá ni siquiera fuiste consciente de ello.
Pero al pensar en una taza de café probablemente apareció alguna imagen.
Tu taza favorita. La cafetera. El vapor. El color. El lugar donde acostumbras beberlo.
Durante un instante, aquello que todavía no existía físicamente frente a ti ya tenía una forma dentro de ti.
Y entonces ocurrió algo indispensable.
Te levantaste. Fuiste a la cocina. Preparaste el café. Lo serviste. Tomaste la taza.
Aquello que unos minutos antes era apenas un movimiento interior ahora estaba frente a ti.
Puedes tocarlo. Olerlo. Beberlo.
Ahora cambiemos la taza de café
Hasta aquí estamos hablando de algo completamente cotidiano.
Pero hagamos un pequeño cambio.
En lugar de decir: “Quiero una taza de café”, di:
“Quiero una relación diferente.”
“Quiero vivir con mayor abundancia.”
“Quiero cambiar algo en mi vida.”
“Quiero realizar este sueño.”
La dimensión de aquello que deseas cambió.
Pero hay una pregunta que permanece:
Porque puedes querer abundancia y comenzar desde el miedo. Puedes querer una relación amorosa y comenzar desde la sensación de vacío. Puedes querer una vida diferente y comenzar desde la frustración con la vida que tienes.
Puedes imaginar perfectamente aquello que quieres alcanzar y, al mismo tiempo, alimentar esa imagen con temor, duda o carencia.
Tal vez allí se encuentre una de las claves que con mayor facilidad pasamos por alto.
Nos concentramos tanto en aquello que deseamos conseguir que pocas veces observamos el estado interior desde donde estamos intentando crearlo.
Queremos cambiar el resultado sin preguntarnos primero por el impulso que está dando origen a esa creación.
Y ese impulso importa. Mucho.
La misma taza puede contener experiencias distintas
Regresemos por un momento al café.
La taza puede ser exactamente la misma.
Pero no es lo mismo recibirla pensando: “Qué delicioso. Voy a disfrutar este momento”, que hacerlo pensando: “Seguro me va a caer mal”.
Externamente podría parecer la misma experiencia. Interiormente no lo es.
Algo ha sido agregado: una cualidad, una información, una manera particular de relacionarnos con aquello que estamos recibiendo.
Y esto sucede continuamente: con las personas, con el dinero, con nuestro cuerpo, con el trabajo, con los proyectos y con aquello que esperamos del futuro.
Constantemente estamos dando una cualidad a lo que vivimos y a aquello que deseamos vivir.
Por eso quizá no basta con preguntarnos qué queremos. También necesitamos observar qué estamos poniendo en aquello que queremos.
La Gran Clave
Aquí es donde una simple taza de café comienza a mostrarnos algo mucho más grande.
Dentro del Método Cyclopea, este proceso forma parte de lo que conocemos como el acto creativo.
El Método plantea que nuestra creación puede comprenderse a través de cuatro grandes elementos:
El sentimiento es el primer impulso, el combustible que pone en movimiento la creación.
Después aparece la calificación: la cualidad que damos a la energía, aquello que agregamos interiormente a lo que estamos creando.
La visualización comienza a darle forma.
Y finalmente llega la acción, que permite que aquello que existe interiormente encuentre una expresión en el espacio y en el tiempo.
Pero hay algo fundamental: todo comienza en el sentimiento.
Cómo lo plantea el Método Cyclopea
Desde la mirada del Método Cyclopea, aprender a crear conscientemente no significa solamente visualizar aquello que queremos.
Implica aprender a reconocer y aquietar nuestro campo emocional, para no crear únicamente desde nuestras reacciones, nuestros miedos o nuestros condicionamientos.
Al conectarnos con la Fuente, el Método propone aquietar ese oleaje interno y elevar la cualidad del sentimiento desde el cual comenzamos a crear.
No como conceptos que repetimos mentalmente, sino como estados internos desde los cuales puede comenzar un acto creativo diferente.
Es ahí donde el sentimiento deja de ser solamente una emoción y comienza a convertirse en poder creador.
Crear conscientemente
Tal vez por eso uno de nuestros grandes desafíos sea este:
Queremos cambiar nuestra vida, pero seguimos creando desde el miedo. Queremos abundancia, pero seguimos relacionándonos con ella desde la carencia. Queremos amor, pero comenzamos desde la ausencia. Queremos algo nuevo, pero utilizamos el mismo combustible.
Desde la mirada del Método Cyclopea, crear conscientemente implica transformar primero ese lugar interior.
Porque cuando el sentimiento cambia, también cambia la manera en que calificamos, visualizamos y finalmente actuamos.
Y con ello puede cambiar también nuestra creación.
Mañana, cuando quieras una taza de café…
Observa.
No tienes que hacer nada extraordinario.
Simplemente mira lo que sucede dentro de ti.
El impulso. El sentimiento. Aquello que inmediatamente dices acerca de lo que deseas. La imagen que aparece. Y finalmente el movimiento que realizas para convertirlo en experiencia.
Tal vez sea solamente una taza de café.
Pero detrás de ella ocurre algo que hacemos cientos de veces cada día: crear.
Entonces puedes hacerte una pregunta diferente.
Sino: “¿Desde qué sentimiento lo estoy creando?”
Porque quizá, mucho antes de que aquello que deseas llegue a tus manos, ahí se encuentra La Gran Clave.
Antes de preguntarte qué quieres crear…
quizá valga la pena observar
DESDE QUÉ SENTIMIENTO
estás comenzando a hacerlo.
5 Comments
Gracias!
Excelente Alondra, gracias por recordar las claves siempre ya que a veces uno se va desorientando por los caminos de la vida. Saludos ¡